09/12/2015 | INQUISAL en los Medios
La Ciencia al servicio de los Alimentos
Profesionales puntanos nucleados en Inquisal y asociados al Conicet buscan otorgarle más seguridad sanitaria a la carne para consumo humano
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Nota: Magdalena Strongoli ( El Campo – El Diario de la República)

La cría bovina y la producción de alimentos derivados para consumo humano deben tener exhaustivos controles, ya que algunos elementos químicos de uso tradicional pueden afectar la salud de la población. El organismo nacional que se encarga del control de sanidad y alimentos que derivan de animales es el Senasa. En San Luis un equipo de investigadores a cargo del decano de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia UNSL (Inquisal), Julio Raba, quien además está relacionado con el Conicet, trabajó sobre formas más precisas y baratas de reconocer sustancias tóxicas, como los anabólicos, en animales vivos. El organismo premió el proyecto.

Cuando se habla de sustancias químicas nos referimos a distintas clases de medicamentos de uso veterinario que fueron pensados para el tratamiento de alguna patología. El problema tomó cuerpo cuando se descubrió que el uso de drogas como el Clembuterol, usado para afecciones respiratorias, causaba alteraciones impropias en el animal. “Se trata de un antibiótico que actúa sobre las vías respiratorias, que en grandes cantidades produce efectos similares al de los anabólicos”, comentó Franco Bertolino, uno de los investigadores. Es decir, son drogas que permiten que se produzcan un aumento de peso en menor tiempo generando también cambios en la conducta, como por ejemplo un aumento de la voracidad y una disminución de su instinto de reproducción.

Algunos de los medicamentos que causan estos efectos secundarios fueron prohibidos en Argentina, aunque en algunos casos se siguen utilizando por una vía  ilegal.

Para ello existen estrictos controles sobre la trazabilidad de los 54 millones de bovinos que hay en el territorio argentino. El encargado es el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), que cada año planifican trabajos de detección de medicamentos no permitidos. La tarea  además les permite saber qué zonas son las más afectadas y tomar las medidas adecuadas, lo que facilita generar una base de datos de cada productor inscripto y en regla.

“Este es uno de los pocos países de latinoamérica que hace controles permanentes y muestreos para detectar la presencia de antibióticos y hormonas, tanto en animales vivos como en reses”, explicó a la revista El Campo Jorge Dal Bianco, coordinador temático de inocuidad y alimentos del Senasa, circunscripción La Pampa y San Luis.

“Todos los antibióticos generan residuos que deben ser eliminados y que de no ser así podrían ser un veneno para el consumo humano. Lo importante es tener en cuenta el uso responsable y las buenas prácticas agrícolas que eviten nuestro accionar como policías y podamos ejercer otra de nuestras funciones que es ayudar a los productores a trabajar mejor y con mayor rentabilidad”, sostuvo Dal Bianco. Además, comentó que en el país todavía son habituales está prácticas prohibidas y que el Senasa está muy atento para combatirlas.

Los orígenes de la investigación

Los planetas alineados, son también características que la ciencia tiene en cuenta a la hora de comenzar una investigación. Viviana Spotorno, del INTA Castelar (Buenos Aires), allá por el año 2009 había realizado un trabajo de investigación que apuntaba a la existencia de ciertas sustancias nocivas para la salud humana en la carne bovina.

En 2011 cuando Matías Regiart, farmacéutico egresado de la Universidad Nacional de San Luis, decidió desarrollar su tesis doctoral en un estudio sobre la prevención y detección temprana de hormonas en la carne vacuna, la ayuda de Viviana Spotorno, técnica del INTA, fue muy significativa en el proceso. Fue así que con la colaboración de un equipo llevaron adelante la tarea con un método poco invasivo y de gran practicidad.

La investigación apuntó a evitar las pérdidas económicas. La Unión Europea es muy estricta en sus normativas de exportación de carne, por eso  cualquier presencia de sustancias químicas no permitidas es sinónimo de rechazo y decomiso, provocando enormes pérdidas económicas y cierre de mercados.

La investigación apunta a realizar estudios que tengan un bajo costo y aspira a que pueda estar al alcance de cualquiera, sin la necesidad de estar altamente calificado. Los trabajos se hicieron sobre animales vivos con muestras de pelo, orina o suero para detectar presencia de drogas anabólicas.

Utilizando la nanotecnología, que permite ampliar la materia a escalas mayores, se analiza luego de haber pasado por varios procesos químicos que permiten el tratamiento de las muestras. “La investigación ha permitido generar nuevos procedimientos para facilitar muestreos que son realmente costosos y poco accesibles. En el trabajo hemos descubierto que otra investigación de un Prototipo de Unidad de Detección podría ser una alternativa para detectar anabólicos al alcance de cualquier productor”, dijo Bertolino, co-director del estudio.

Además, “el trabajo en las pruebas con sensores bioanáliticos fue una propuesta que Julio Raba trajo luego de haber vivido en Estados Unidos y que hoy utilizamos para el trabajo de campo”, agregó Bertolino.

Un sensor bioanálitico es un dispositivo que permite medir qué cantidad de sustancia contiene la muestra con la que se trabaja. En este caso, detectar Clembuterol sobre pelo, orina o sangre.

Las ventajas

La conclusión a la que llegó el equipo de investigación de Inquisal es que el desarrollo de sensores bioanalíticos, en los controles actuales, facilitaría determinar la presencia de sustancias tóxicas. Además permitiría un control más exhaustivo y económico. La actividad sería más efectiva en la detección sin perder precisión.

Otra ventaja es que el análisis se realiza en muestras de orina, sangre y pelo, por lo que no requiere el sacrificio del animal y permite dejarlo en cuarentena en caso de que dé positivo. Es decir, poder esperar al animal para faena para que elimine residuos indeseables.

La incorporación de nanomateriales sobre las muestras permite mejorar la sensibilidad respecto a los métodos tradicionales. Los materiales que se emplean ofrecen un aumento en el área superficial para trabajar con la muestra.

El grupo de investigación de Bioanalítica, Electroquímica y Nanotecnología dirigido por Raba en el Instituto de Química de San Luis (Inquisal), el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), en conjunto con Spotorno, que pertenece al INTA, fue seleccionado como el 1º premio en Investigación y transferencia de equipos consolidados en su modalidad Calidad e Inocuidad Agroalimentarias, otorgado por el Senasa en el período 2014/2015. Lo recibieron por el desarrollo de biosensores acoplados a sistemas de detección electroquímica que incorporan materiales nanoestructurados, aplicados a la detección de residuos de drogas anabólicas presentes en muestras de interés provenientes de la actividad pecuaria.

Este trabajo se pudo llevar adelante gracias a un convenio de cooperación entre la  Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia que depende de la UNSL y el INTA.

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